
El color del amanecer presentaba una brillantez anómala,
podría decirse enfermiza. Se sentía el
silencio: un silencio extraño, grávido de una
premonición siniestra. A las 7.19 a.m. el subsuelo de la
ciudad de México se movía como un dinosaurio gigantesco
saliendo de su sopor. Cinco minutos después, la región más
transparente se hallaba inmersa en el estupor de sus ruinas:
había tenido lugar el más grande desastre
que registra su historia.
La mayor parte de los riesgos
naturales pueden ser detectados
antes de que su poder
destructor ocurra. Los sismos
(del griego seismo = sismo,
temblor o terremoto) por el
contrario no tienen precursores
conocidos. Atacan sin previo aviso, y en eso
radica precisamente su poder destructor. Aunque
los temblores son considerados generalmente
la fuerza más destructiva de la naturaleza, en
realidad las pérdidas económicas por inundaciones
y huracanes son mayores. Los temblores,
sin embargo, producen grandes impactos
psicológicos sobre la población, lo que los hace
potencialmente muy peligrosos. Estimaciones
indican que la ocurrencia de un temblor mayor
(magnitud 8 o más) en áreas densamente pobladas de
la costa Occidental de los Estados Unidos,
causaria daños del orden de decenas de billones de
dólares en pérdidas económicas y miles en vidas.
Pérdidas similares podrian observarse en
otras grandes urbes localizadas en zonas de alto
riesgo sísmico.
En el año de 1556 ocurrió un gran terremoto
en la parte central de China, que cobró
aproximadamente 830 mil vidas humanas. Este hecho
es realmente impresionante para un evento que
duró pocos minutos. Por muchos años se creyó
que este terremoto no tendría rival, sin embargo,
en 1976 otro terremoto, también en China,
en la provincia de Tang-Shan, dejó un saldo de
655 mil muertos. En ese mismo año, temblores
en Guatemala, Nueva Guinea, Turquia, Italia y
las Islas Filipinas cobraron, adicionalmente,
otras 40 mil vidas y dejaron miles de heridos
una gran parte de la población quedó sin hogar,
además de cuantiosas pérdidas materiales.
México está localizado en una de las regiones
sísmicas más activas del mundo. Por tal
motivo, la probabilidad de ocurrencia de
temblores destructivos--como el del pasado 19 de
septiembre- es bastante alta. De 1978 a la
fecha han ocurrido, en la costa occidental 4
sismos cuyas magnitudes igualaron o superaron
la marca 7.6 en escala de Richter. La parte
central de México es propensa a la ocurrencia de
grandes sismos. El de Ciudad Serdán, Puebla
del 28 de agosto de 1973, dejó un saldo de
aproximadamente 600 muertos, cientos de
heridos y muchos millones de pesos en pérdidas
materiales; el 24 de octubre de 1980 otro devastador
sismo destruyó la ciudad de Huajuapan de
León, Oaxaca y poblaciones aledañas, con un
saldo de aproximadamente 55 víctimas Pero ha
sido el del 19 de septiembre de 1985 el peor de
la historia de México: 8.1 grados en la escala de
Richter.
Aunque los temblores son fenómenos
naturales incontrolables, es posible adoptar ciertas
medidas preventivas de seguridad para minimizar
sus efectos. Estas medidas, para que sean
razonables, deben estar basadas en un amplio
y preciso conocimiento de la sismicidad de la
región.
Puede decirse que el conocimiento actual de
la sismicidad del mundo y la génesis misma de
los temblores es sólo aproximado. Esto es
paradójico con el hecho de que el hombre ha puesto
los pies sobre la Luna y, en contraste, solamente
ha explorado una milésima de los 6,370
kilómetros del radio de su propio planeta.
Investigador del Instituto de Geofísica
Los fuertes daños producidos por el temblor en la ciudad de México se debieron, probablemente -entre otros factores- a que la ciudad está situada en una cuenca cubierta por una gruesa capa de sedimentos. Esta capa tiene la característica de amplificar las vibraciones del suelo producidas por los temblores. Con respecto al origen del temblor, podemos decir que la mayoría de los sismólogos coinciden en afirmar que los temblores mayores de la costa occidental de México son producidos por el movimiento relativo entre la placa de Cocos y la placa Americana. Los detalles del proceso de ruptura de este importante evento se sabrán al finalizar los estudios llevados a cabo por los especialistas.
En algunas civilizaciones antiguas los temblores eran explicados a través de mitos; en algunas se pensaba que la Tierra estaba colocada sobre un gran animal gigante, o Dios que, periódicamente, se movia originando el sacudimiento de su carga. Algunos pueblos, como los hindúes, creían que este animal era una tortuga; los japoneses pensaban en un pez-gato y los lamas mongoles creyeron que era una rana. La leyenda japonesa atribuía los temblores a los caprichosos movimientos de un pez-gato que vive en el fondo de la Tierra; cuando tales movimientos ocurrían, la gente asustada invocaba al dios de los temblores para que sujetara al pez colocándole una enorme roca. Por otro lado, Aristóteles, el famoso filósofo griego, pensó que los temblores eran provocados por poderosos vientos atrapados en cavidades subterráneas. Para los aztecas los temblores no eran desconocidos, inclusive, a juzgar por los códices, conocian implícitamente la existencia de dos tipos de temblores: los volcánicos y los tectónicos. Nuestro conocimiento de la causa de los temblores data de mediados del siglo XIX, cuando se observó que los mayores daños producidos por los sismos se reducían a zonas muy estrechas, sugiriendo que la fuente de los temblores era restringida. Fue Harry F. Reid quien propuso que los temblores eran producidos por deslizamientos a lo largo de fallas, basado en estudios del temblor de San Francisco de 1906. La Teoría del Rebote Elástico propuesta por Reid, establece que las rocas son elásticas y susceptibles de almacenar energía mecánica, de la misma manera que lo hace un resorte comprimido. Así, cuando los esfuerzos que actúan sobre los lados opuestos de una falla sobrepasan la fuerza de fricción que los mantiene unidos, sobreviene una liberación repentina y violenta de la energía almacenada en la roca, en forma de ondas símicas y calor generado por fricción. Las ondas sísmicas irradiadas en todas direcciones provocan el temblor. El punto de la ruptura inicial es llamado foco, y su proyección sobre la superficie, epicentro.

La costa occidental de México es una frontera de placas litosféricas, cuyo movimiento relativo se refleja en los grandes sismos registrados en esa zona. La figura 1 ilustra las formas de los movimientos de la tierra en las capas cercanas a la superficie, de acuerdo con los cuatro diferentes ondas sísmicas; la figura 2 muestra, de manera simplificada, las trayectorias que siguen las ondas sísmicas (P o S) en su vieje del foco al punto de observación.
La idea de que los temblores son producidos por desplazamientos a lo largo de fallas es congruente con la Teoría de tectónica de placas. De acuerdo con esta teoría, la superficie de la tierra está formada por placas rigidas que "flotan" sobre un manto plástico y caliente en constante movimiento. Estas placas rigidas son de miles de kilómetros de ancho por 100 Km de espesor, en promedio. Debido a su constante movimiento, interaccionan en sus orillas y, en ciertos puntos, pueden dar lugar a complejas distribuciones de presiones y tensiones entre placas vecinas.
Aunque las placas se mueven muy lentamente ( 5 cm/año, en promedio) lo han hecho por millones de años con espectaculares consecuencias, como la formación de la Cordillera de los Andes, los montes Himalayas, etcétera. Los continentes y fondo oceánico son pasajeros silenciosos asidos a las placas que, como gigantescas bandas, los transporta lentamente acercándolos o separándolos. La corteza, la capa más externa de la Tierra, es quebradiza. Por esto, al chocar, separarse, cambiar de dirección o rozarse una con otra, se deforma y rompe ocasionando los temblores.
A eso se debe que los sismos ocurran en zonas específicas, delineando franjas muy estrechas. Así, la colisión de las Placas Africanas y Europea genera los temblores del norte de Italia, este del Mediterráneo e Irán. La interacción de la Placa de Cocos y Americana es responsable de los temblores de la costa sud-occidental de México. Similarmente puede explicarse la actividad sísmica de Japón, California, Alaska y otras regiones. Aun asi, los temblores son sólo uno de los tantos efectos. La interacción de las placas también genera volcanes, forma cordilleras montañosas, expande océanos a expensas de otros, genera depósitos minerales y forma trincheras oceánicas.
Las ondas sísmicas irradiadas por el foco de un temblor cubren un rango muy amplio tanto en amplitud como en periodo (o frecuencia). Las ondas de periodo más largo (frecuencia más baja) pueden tener prácticamente periodo infinito y las de periodo más corto pueden ser del orden de décimas de segundo. Las primeras corresponden a deformaciones permanentes del terreno cerca del epicentro, las segundas están dentro del rango audible. Curiosamente, debido a que la Tierra tiene una frecuencia de resonancia de aproximadamente una hora, las ondas sísmicas con periodos de este orden hacen que la Tierra oscile como si se tratara de una campana gigantesca.
Las amplitudes de las ondas sísmicas, por otro lado, pueden ir desde micras (millonésimas de metro) hasta decenas de metros. Debido a este enorme rango de variación, tanto en amplitud como en periodo, muchos y muy variados instrumentos y métodos son requeridos para captar toda la información emitida por la fuente del temblor.
Las deformaciones en el terreno originadas por señales sísmicas de periodos muy largo son medidas con métodos geodésicos.
Las señales de periodos más cortos (1 hora 0.1 seg.) son registradas con otros instrumentos como el sismógrafo, que es el más conocido. Este instrumento fue desarrollado por Gray, Milne y Ewing en Japón en 1880, aunque unos instrumentos más sencillos llamados sismoscopios datan del año 132 d.C. y son originarios de China.
           
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Básicamente, el sismógrafo es un péndulo que traduce el movimiento del suelo en una corriente eléctrica, que posteriormente es amplificada y transformada en una gráfica por medio de un galvanómetro. Los sismógrafos están diseñados para operar a varias amplificaciones con objeto de cubrir al máximo el espectro de amplitudes de las señales sísmicas.
La gráfica obtenida con un sismógrafo recibe el nombre de sismograma. En el sismograma están impresas las características del proceso de ruptura provocadas por el temblor, las características del medio en el que se propagaron las señales sísmicas y las del instrumento. Descifrar la información contenida en los sismogramas es complicada y requiere experiencia y sofisticados métodos de análisis.
Por otro lado, la localización del epicentro y el cálculo de la magnitud a partir de los sismogramas es relativamente fácil. El método de localización es un procedimiento de triangulación, basado en el hecho de que diferentes ondas sísmicas viajan con diferentes velocidades. Durante un temblor se generan tres tipos principales de ondas sísmicas: la onda P, la onda S y las ondas superficiales. La P es una onda longitudinal, esto es, durante su paso el suelo se mueve hacia adelante y hacia atrás, en dirección de su propagación, similar a una onda de sonido. Durante el paso de la onda S, por otro lado, el suelo se mueve perpendicularmente a la dirección de su propagación. La onda P viaja aproximadamente dos veces más rápido que la onda S. De tal suerte que al medir la diferencia de llegada de estas dos ondas a una estación de observación, es posible calcular la distancia a que se originaron. El epicentro estará, por lo tanto, sobre un círculo con centro en el punto de observación y radio igual a la distancia obtenida. Al repetir este procedimiento en tres estaciones se obtendrán tres circulos cuya intersección es el epicentro.

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Existe una analogía entre la Astronomía y la Sismología: en ambas ciencias es necesario describir los objetos de dos maneras: cómo son y cómo se ven. En Astronomía las estrellas pueden ser descritas por sus dimensiones reales y, por otro lado, por su brillantez y su tamaño aparente. Los sismólogos hacen algo parecido con los temblores, al usar los conceptos de magnitud e intensidad.
La magnitud es una medida del "tamaño" del temblor y fue introducida en Sismología por C.F. Richter en los años de 1930;1a magnitud está íntimamente relacionada con la energía liberada por el temblor y se mide precisamente. en los llamados grados Richter. Para calcular la magnitud debe medirse la máxima amplitud de cierta onda sismica sobre el sismograma y dividirla por la amplificación del sismógrafo para obtener la amplitud del movimiento del suelo; se le calcula el logaritmo y se aplican algunas correcciones empíricas para compensar la disminución de la señal sísmica con la distancia. De esta manera, la magnitud calculada en cualquier lugar debería ser la misma. La escala de magnitudes es una escala abierta por los extremos, esto es, no tiene máximo ni minimo, aunque aparentemente hasta ahora no han sido observados temblores mayores de 8.7. Debido a la naturaleza logarítmica de la fórmula de magnitudes, un temblor de magnitud 7.5 grados Richter libera un millón de veces más de energía que uno de 3.5.
En la práctica existen diferentes tipos de magnitudes, dependiendo del tipo de señal sísmica que se use en su cálculo. Estas magnitudes, en general, son diferentes para un mismo temblor. Se han obtenido expresiones empíricas para relacionar los diversos tipos de magnitudes.
La intensidad es una "medida" de la severidad con que el temblor se manifestó en una localidad determinada. La intensidad en un lugar particular se estima a partir de los efectos del temblor sobre las personas, estructuras y naturaleza descritas por los observadores.
En el transcurso del tiempo han sido usadas varias escalas de intensidades. Actualmente en América se usa la Escala de Intensidades de Mercalli, modificada. En Japón y Europa se usan otras escalas similares. La Escala de Mercalli modificada está dividida en doce apartados. El grado I se asigna cuando el temblor fue sentido por algunas personas en circunstancias especiales, en tanto que el grado XII cuando la destrucción fue total.
Es muy frecuente que se confundan los términos Magnitud e Intensidad, a pesar de que son totalmente distintos. La siguiente analogía puede aclarar los conceptos:
Supóngase que tenemos un foco incandescente de 40 watts y que irradia luz en todas direcciones. En esta analogía la potencia del foco (40 watts) es equivalente a la magnitud, pues no cambia, independientemente del punto desde donde lo observamos. Por otro lado, la intensidad luminosa es equivalente a la intensidad sísmica, pues la cantidad de luz que recibiremos depende de la distancia a que nos encontremos del foco. En realidad, para el caso sísmico es más complicado porque la fuente no irradia energía de manera homogénea sino que tiene direcciones preferenciales.
Se entiende por predicción al hecho de especificar el tiempo, lugar y magnitud en que ocurrirá un futuro temblor. Actualmente existen dos procedimientos generales para trarar de resolver el problema de la predicción, aunque en realidad no son completamente independientes. Uno de los métodos está basado en la búsqueda de precursores, esto es, algún signo caracteristico anómalo que indique la inminencia de un temblor en una determinada región.
Ejemplos de estos precursores son: deformaciones de la superficie del terreno (inclinaciones, expansiones, contracciones, etcétera); va- riaciones en la sismicidad local promedio; cambios en las propiedades fisicas de las rocas; cambios en la composición quimica del agua de los pozos y manantiales; comportamiento anormal de los animales, entre otros. Este método no requiere que se conozca en detalle la naturaleza leza de los temblores, sólo exige la disponibilidad dad de una densa red de sensores que "monitoree" constantemente los diferentes parámetros y una cierta experiencia con temblores pasados.
El segundo método se basa en el conocimien- to detallado del régimen global de ocurrencia de los temblores en las diferentes regiones, asi como de sus causas y caracteristicas de ruptura. Asi, el conocimiento preciso del comportamiento tectónico de las placas, que en última instancia son responsables de los temblores, presumiblemente llevará al pronóstico de éstos. En la última década ha aumentado apreciablemente el número de investigadores dedicados a la materia de predecir los temblores. Dentro de algunos cuya ocurrencia supuestamente ha sido pronosticada, está el temblor de Haicheng, China (magnitud 7.3) del 4 de febrero de 1975. Según se sabe, los sismólogos chinos lograron pronosticar exitosamente este temblor cuatro horas antes de su ocurrencia, basados en obsevaciones instrumentales y en el comportamiento anormal de los animales. El júbilo por este éxito fue, en cierto sentido, apagado un año después, cuando otro temblor, también en China, no pudo ser pronosticado y dejara una estela de desolación y 655 mil víctimas. Estos resultados opuestos no indican que la predicción sea imposible, sino solamente que se requiere major información para poder llegar a estableccer un método confiable de predicción. México, es un país eminentemente sensible a la actividad telúrica, pues en la Costa del Pacífico convergen importantes placas tectónicas y las principales ciudades se hallan asentadas en áreas de alta sismicidad. Se aprecia claramente la urgente necesidad de impulsar los estudios para prever tragedias como la del 19 de septiembre de 1985.

Hasta ahora los mayores terremotos medidos en la escala de Richter han llegado a magnitudes de 8.7, cifra que no es probable que se supere en el futuro. Las gráficas (arriba y opuesta) muestran algunos aspectos de los daños ocasionados por el último sismo ocurrido en la ciudad de México. El inventor de la escala sísmica que mide la magnitud de un temblor, murió el 30 de septiembre de este año.
| FECHA | REGION | MAGNITUD | DAÑOS (En vidas hum.) |
26 enero 1531
23 enero 1556
noviembre 1667
11 enero 1693
11 octubre 1737
7 junio 1755
1 noviembre 1755
4 febrero 1783
4 febrero 1 79 7
5 septiembre 1822
18 diciembre 1828
13 agosto 1868
16 agosto 1868
16 diciembre 1920
1 septiembre 1923
26 diciembre 1932
15 junio 1896
28 diciembre 1908
13 enero 1915
16 diciembre 1920
31 mayo 1935
24 enero 1939
27 diciembre 1939
29 febrero 1960
1 septiembre 1962
31 agosto 1968
31 mayo 1970
23 diciembre 1972
4 febrero 1976
27 julio 1976
16 agosto 19 76
24 noviembre 1976*
12 octubre 1980
19 septiembre 1985**
| Lisboa, Portugal Shensi, China Shemaka, Cáucaso Catania, Italia Calcuta, India Norte de Persia Lisboa, Portugal Calabria, Italia Quito, Ecuador Aleppo, Asia AIenor Echigo, Japón Perú y Bolivia Ecuadory Colombia Kansu, China Kwato, Japón Kansu, China Riku-Ugo, Japón Mesina, Italia Avezzano, Italia Kansu, China Queta, India Chile Erzincan, Turqulá Agadir, Marruecos Irán Iran Perú Managua, Nicaragua Guatemala Tang Shan, China Mindanao, Filipinas Irán El Asnam, Argelia Ciudad de México |
Sin registro
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8.5
8.2
7 6
7.5
7.0
7.5
7.5
7.7
8.0
5.9
7.3
7.4
7.8
6.2
7.9
7.6
7.9
7.3
7.3
8.1
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30 000
830 000
80 000
60 000
30 000
40 000
70 000
50 000
40 000
22 000
30 000
25 000
70 000
180 000
143 000
70 000
22 000
120 000
30 000
70 000
60 000
30 000
23 000
14 000
14 000
11 600
66 000
5 000
22 000-23 000
655 000
5 000- 8 000
5 000
5 000
5 000
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* Probablemente el mayor número de muertes ocasionadas por un temblor en los últimos 400 años
** Cifras estimadas sin contar los desaparecidos; la cifra of icial de muertos fue de 5,800.
NOTA: En todos los casos el número de víctimas es aproximado, pudiendo variar levemente dependiendo de la fuente de los datos. Hemos dejado fuera otros temblores que, aún con magnitud mayor a 8 en la escala de Rlchter, no los hemos tomado en cuenta pues ocurrieron en regiones despobladas, como Alaska, u ocasionaron una pérdida menor de cinco mil vidas humanas.
Revista de Geografía Universal Vol.20 No.5, Nov, 1985