SISMO EN MEXICO: CUANDO EL OLVIDO SE VUELVE MIEDO

Paulino Sabugal Fernández

Información Científica y Tecnológica entrevistó a Carlos Valdés González, doctor en geofísica, con especialización en sismología por la Universidad de Wisconsin-Madison, investigador asociado C de tiempo completo del Instituto de Geofísica de la Universidad Nacional Autónoma de México y jefe del Servicio Sismológico Nacional desde 1973 (corrección: desde 1993 hasta 1996). Ha sido, además, responsable de la instalación y operación de diversas redes sismológicas en el país, también ha desarrollado líneas de investigación respecto a la sismicidad y su origen volcánico, en lo referente a temblores de magnitudes pequeñas con orientación específica a entender los procesos tectónicos que los generan y que gobiernan los grandes sismos, así como en cuanto a la evaluación y mitigación del riesgo sísmico. En diciembre de 1994, recibió el Premio al Mérito Civil, otorgado por el gobierno del estado de Puebla, por su destacada participación y apoyo al Programa de Protección Civil para la población que habita en la zona aledaña al volcán Popocatépetl

Doctor Carlos Valdés, el propósito de esta entrevista es contribuir a través de nuestra revista, a disipar algunas dudas que en la actualidad se presentan con mucha frecuencia entre la población respecto de las recientes actividades sísmicas en nuestro país. Así la primera pregunta es ¿está temblando más hoy en día?

En cuanto al número de temblores, no. Si comparamos 1995 con 1993, veremos que en aquel año registramos, catalogamos y clasificamos 920 sismos en la República Mexicana. En 1994, esa cifra era cercana a los 615, todos mayores de magnitud 3 en la escala de Richter. Para 1995, hasta el mes de junio, llevábamos registrados únicamente 157 sismos; pensábamos que la crisis también nos había afectado en cuanto a sismicidad, pero en el mes de septiembre ocurrieron 150 sismos. Aun así, sumando los 157 primeros y agregando los 150 posteriores, más otros cuantos, todavía no alcanzábamos la cifra de 400.

Claro que el año antepasado difícilmente sentimos alguno de ellos, aunque en 1993 ocurrió uno que causó un poco de alarma en la zona centro, y que tuvo su epicentro en las costas del estado de Chiapas, con magnitud 7.1. El problema que se presentó el año pasado es que hubo una serie de sismos que sí se sintieron. Y es que pensamos que sólo tiembla cuando nos percatamos, lo cual no es necesariamente cierto. La preocupación, claro está, es bien fundada: hubo un sismo el 14 de septiembre de 1995, después, el 9 de octubre se registró otro en Colima; ocurrió una réplica de ése el día 12 y, con posterioridad, se produjo uno más el 20 de octubre en Chiapas. Pero esto no es nuevo, en 1928, ocuuieron seis sismos mayores de magnitud 7 en nuestro país y, de hecho, cinco de ellos, fueron de más de 7.5. En 1908 había sucedido lo mismo,

Desgraciadamente, septiembre está muy tristemente arraigado en la mente de los mexicanos;

Sobre todo debido a que se cumplían diez años de que ocurrió aquel sismo. En ese sentido, hay una anécdota interesante: una de las tribus del estado de Washington, en los Estados Unidos, en la costa del Pacífico, que es también una zona de alta sismicidad, según cuentan las leyendas, celebraba una ceremonia especial una vez al año, en la cual instalaba una plataforma de madera suspendida con lianas atadas a postes muy altos; sobre esta plataforma los indios ponían el tipi ceremonial. Los miembros principales de la tribu permanecían sentados cuando entraba el sacerdote, quien sí se sotenía de un madero afianzado a esta plataforma. Al momento en que él entraba, comenzaban a mover desde fuera la plataforma y, como estaba suspendida por lianas -esencialmente era un columpio-, toda la gente rodaba y caía. La finalidad de esa ceremonia era recordar que vivían en una zona sísmica, por lo que debían estar preparados. Si nosotros la viéramos desde ese punto de vista, tales recordatorios nos servirían para afianzar la que todos debemos saber: vivimos en un país con alta sismicidad. Es un hecho. y es importante reconocer que no es que los sismos estén aumentando en número o en magnitud; si los comparamos con los que ya han acaecido, podremos darnos cuenta de que es esencialmente el mismo tipo de sismicidad que teníamos hace 100 años, hace mil años, y podemos hablar hasta de hace más de un millón de años. El proceso que genera los sismos, no sólo en nuestro país sino en el mundo, es muy antiguo, tiene que ver con la constitución de la Tierra, con que ésta permanezca viva. Si no hubiera sismos tampoco habría volcanes ni atmósfera. Lo que genera toda esta actividad es que la parte interna de la Tierra todavía está sumamente caliente: una de las formas en que se manifesta esta radiación de calor es haciendo que se mueva poco a poco el material hacia la superficie y que desplace la que es la corteza o la cáscara del planeta. Irónicamente, la único que podría hacer que dejara de haber sismos y volcanes sería apagar ese interior de la Tierra, pero, entonces, tampoco habría atmósfera ni vida. Otra razón muy importante por la cual nos preocupan un poco más los sismos es porque ahora los medios de comunicación nos permiten saber con una brevedad impresionante cualquier noticia al respecto, por ejemplo, que se produjo un temblor que devastó una ciudad en Turquía u otra en Japón,

Y eso nos da la sensación de que hay más sismos.

Sí. Aunque, de hecho, los números que manejamos, desde 1900 a la fecha, nos dicen que hemos tenido 85 ú 86 sismos, agregandolos más recientes, mayores de magnitud en nuestro país. Ya son sismos muy respetables, y esa cifra, si se realiza un promedio, aunque no se vale hacer promedios porque la actividad no es tan regular, nos daría un valor aproximado de un sismo mayor de magnitud 7 cada año y dos o tres meses, o cada año y un mes. si por otra parte, analizamos los datos posteriores a 1985, tendremos que hasta después de ocho años se presenta otro sismo que rebasa los 7 grados de magnitud, que sería el caso del que se registró en 1993 en Chiapas; el siguiente año no ocurre ninguno y, en cambio, en 1995 se producen varios. Y, antes del sismo de 1985 ¿qué había ocurrido?; en 1979, hubo uno de magnitud 7.6 en las costas de Guerrero, muy cerca de Petatlán y de Zihuatanejo, que fue el que derribó el edificio de la Universidad Iberoamericana, y, un año antes, se había registrado otro cuyo epicentro se encontraba muy cerca de Puerto Escondido, Oaxaca, de magnitud 7.8. Podemos continuar retrocediendo de esa manera. Cuando puntualizamos, la gente dice " Ah, sí, sí me acuerdo de ése", y nos percatamos de que hay gran cantidad de sismos. Todo mundo sabe, por ejemplo, del sismo que derribó el Angel de la Independencia, pero poca gente tiene presente el que se registró en 1972 en Orizaba, esta vez no del lado del Pacífico, sino del Golfo, también mayor de magnitud 7.

¿Los epicentros son los mismos siempre? Porque con mucha frecuencia se habla de Guerrero o de Oaxaca, pero ahora ocurrió en Chiapas, y más hacia el norte, en Colima.

Si vemos en un mapa los sismos mayores de magnitud 3 para un periodo de 20 años, en el cual hemos registrado 26 mil sismos, entre 1974 y 1994, la gran mayoría de ellos ocurrió desde las costas del estado de Michoacán hasta Chiapas, incluyendo a Guatemala y continuando hasta lo que es Panamá, pero se concentró principalmente en nuestro país, así como en la parte central del Golfo y de nuevo hacia el oeste, en donde se inicia la falla de San Andrés. Estos fueron sismos pequeños. Si analizamos ahora un mapa que refleje exclusivamente la presencia de sismos mayores de magnitud 7, lo que aparentemente se podía observar en el mapa anterior, que era que para el caso de Colima y de Jalisco existía muy poca sismicidad, deja de ser una apreciación correcta. Los sismos de magnitud 7 se ven así más parejos.

Otra duda frecuente es si los temblores son trepidatorios u oscilatorios.

Es una pregunta muy común, y la respuesta es todavía más interesante: siempre se producen los dos. El movimiento del suelo es complejo; tiene una tendencia a subir, bajar y oscilar en diferente forma. El problema es que si nos encontramos en la parte alta de un edificio, éste, primordialmente, tendrá oscilaciones; si dicha construcción empieza a brincar, mal negocio. La misma forma del edificio genera que éste oscile, y una persona que se encuentre en él, dirá: "yo sentí que el movimiento era oscilatorio"; en cambio, otra que se encuentre en el suelo, en un campo libre, puede más fácilmente sentir que también el suelo sube y baja, se mueve hacia un lado, pero que, de manera primordial, sube y baja; entonces la persona que está en el campo libre dirá, "yo sentí que fue trepidatorio" y las dos tendrán la razón. ¿ Cómo lo sabemos? , porque medimos el movimiento del suelo en tres componentes, tenemos sensores que miden el desplazamiento vertical, y otros, que son horizontales, los ponemos uno en dirección norte-sur y el otro este-oeste, de tal manera que podemos reproducir y ver con claridad cuál es el comportamiento del suelo.

¿Por qué México es considerado como zona sísmica?

Es zona sísmica porque con frecuencia ocurren en ella temblores. Por ejemplo, una zona asísmica, por su poca recurrencia de sismos, sería la Península de Yucatán, o diversas regiones del norte de la República Mexicana, pero, claro, en el primer caso, a lo que se enfrentan es a los huracanes, y, en el segundo, a las enormes sequías, entonces uno se plantea la interrogante "¿me voy a vivir allá?" Casi en cada lugar existen diferentes tipos de riesgos geológicos a los cuales hay que hacer frente. La gente pregunta cómo se clasificaría a México, comparado con otros países, en cuestión de sismos. En realidad, es difícil hacer esa compración, pero ¿qué pasa si tomamos Japón a la misma escala y lo ponemos encima del mapa sísmico de nuestro país? Resulta que Japón tiene una extensión territorial mucho menor que la de México y que cabe perfectamente en lo que es nuestra zona sísmica. Esto equivaldría a que todos los mexicanos nos fuéramos a vivir a las franjas de la costa; ahí a cada rato sentiríamos un movimiento telúrico leve, y esto no implica, de forma necesaria, que los japoneses sean más listos y que por esa razón estén mejor preparados, simplemente, si sienten un temblor y otro y otro, pues se preparan. Para ellos resulta obvio que viven en una zona sísmica. Aquí no nos resulta tan claro porque nos encontramos a una distancia cercana a los 320 kilómetros en dirección de la costa del Pacífico, y dicha distancia conforma una zona de atenuación, que nos resguarda de sentir todos esos temblores pequeños, pero no lo hace de los sismos grandes como el de 1985, el del Angel, y el de 1979; mas como ésos son menos frecuentes y como suceden cada determinado número de años, rápidamente se nos olvidan. En este caso, podemos decir que México es un país con una zona sísmica importante. Sí, sí lo es.

Va a seguir temblando, entonces.

Va a seguir temblando siempre. La razón por la cual tiembla se debe al movimiento de las placas tectónicas y continuará ocurriendo dentro de 10, 15, 20, 100 años, incluso hasta dentro de un millón de años. La gente pregunta "¿es cierto que la Península de Baja California se separa?" La Península de Baja California, en efecto, salió del costado de nuestro país hace 60 millones de años. En la parte de en medio es una de esas zonas en donde se mueve el material hacia la superficie y se va separando parte de la corteza terrestre. En otros lugares, esa corteza se regresa al interior, en las llamadas zonas de subducción. Baja California se separa a una velocidad muy lenta, cercana a los cinco centímetros por año: si nosotros quisiéramos cruzar una habitación a esa velocidad nos tardaríamos lO ó 15 años, pero, como decía, esto ha sucedido a lo largo de 60 millones de años, por eso se explica que tenga esa separación, y ésta va a continuar La gente dice "es que se va a ir al mar"; no, eso no sucederá. Considero, pues, que es importante reconocer que vivimos en un país en el que tiembla; si lo hacemos, creo que habremos dado un paso muy importante.

¿Cree que lo reconocemos más ahora que antes?

Espero que estos recordatorios nos ayuden poco a poco a aceptarlo. Es muy comprensible que mucha gente tenga temor, sobre todo después de lo sucedido en 1985; para ella recordar es revivir muchas cosas tristes a las que no quisiera volver a enfrentarse, pero debemos afrontar que vivimos en un país en el que prevalece esta situación. En la época de lluvias, cuando cotidianamente caía un aguacero, pues siempre llevábamos con nosotros un paraguas o un impermeable, nos preparábamos, porque era muy evidente a lo que nos arriesgábamos si no lo hacíamos. En el caso de los sismos no es tan claro, pero todos estos recordatorios deberían influir y conducirnos a reflexionar: "sé que tiembla en Guerrero, al igual que aquí y en muchos otros lados; sé que se siente de tal manera y que debo prepararme." Gran parte de esta preparación se llevó a cabo después de 1985, la gente tenía a la mano agua, víveres, ropa, tarjetas de identificación, lámparas, radio de baterías, entre otras cosas. Ahora lo único que hay en abundancia es agua, y no por los sismos, sino debido a que nadie quiere beber el agua de la ciudad y porque la venden embotellada por todos lados. Yo sugeriría que, si todo mundo se acuerda de la fecha de su cumpleaños, en ese día revise que las cosas que son necesarias en este tipo de situaciones se encuentren en orden, ya que si celebra un año más de vida, lo menos que puede hacer es prepararse un poco mejor para garantizar que esa vida no se vea truncada por no haber tomado precauciones.

Los simulacros han funcionado bien en las escuelas. con la participación de niños y maestros, ¿ no es así?

Me da la impresión de que, en realidad, las personas más preparadas son los niños. A mí me pasó algo muy curioso Con mi hija de nueve años, en uno de estos temblores; le pregunté ¿sintieron el temblor en la escuela? y me contestó: " Ah, yo pensé que era otro simulacro". Ese es el punto crítico, cuando ya no distinguen si fue simulacro o si fue temblor. Cuando tengamos ese tipo de capacitaciÓn, estaremos del otro lado, y eso es tarea de cada uno de nosotros. Si las personas no saben qué hacer, mi sugerencia es que utilicen el sentido común. Ellas determinan: "lo bueno es que yo ya ví que como vivo en el tercer o cuarto piso, me tardo menos de 50 segundos en salir a la calle, entonces sí debo hacerlo", pero me pregunto si emplearían el mismo tiempo si salieran con todos los demás vecinos. Lo importante sería averiguar si han podido realizar un simulacro colectivo.

¿ Qué sucedería si esto ocurriera también por la noche? Además, con eso de que cada día aumentan los robos a casas habitación, con certeza existen en ellas una serie de candados y chapas, por lo que cada quien debería tener a la mano las llaves, por ejemplo, colgándolas muy cerca de la puerta de salida. Si todo esto no se ha contemplado, lo único que puede pasar es que el éxodo se transforme en un atolladero, y que se presenten probabilidades de que haya heridos a la entrada de la puerta por ese tipo de situaciones. Hay que realizar, asimismo, simulacros familiares. Cuando una familia está en casa, por la noche, y dice "vamos a hacer ahorita un simulacro" y apaga las luces, para simular una condición real, y los niños, así como los adultos saben qué hacer, conocen de antemano en donde están, por ejemplo, las linternas; cuando todo ello está previsto, lo realizan en forma mecánica y les resulta de gran ayuda.

En casa existen muchos objetos pesados; las televisiones que antes eran muebles muy grandes de madera, ahora son extremadamente angostas, altas y, por lo general, se colocan en el borde de las mesas o de los libreros; si dicho aparato se viene abajo y se rompe el cinescopio debido a que está al vacío-, los vidrios saldrán disparados y alcanzarán cierta distancia, de esta manera, si ocurre un sismo por la noche y se sale corriendo de la habitación, descalzo, se puede tener la certeza de que quien intente hacerlo no alcanzará a llegar a la puerta. Entonces, uno se pregunta ¿cómo resolver una situación semejante? No es necesario encadenar la televisión; con un alambre ligero atado a una clavo en la pared, por un lado, y, por el otro, al aparato, se podrá evitar la caída del televisor. En realidad, el vaivén es el que lo hace caer, y no se necesita un cable que lo sostenga en vilo, simplemente un alambre que lo mantenga en la posición que tiene, y a la hora que vibre, pues que lo haga con todo y librero. La gente que tiene hijos pequeños, debería hacer el ejercicio de acostarse en la cama del niño y mirar hacia arriba, si se percata de que hay gran cantidad de objetos y juguetes puede tener la seguridad de que esos objetos son los que van a caer sobre la cabeza del pequeño.

Muchas personas dicen: "quiero que alguien revise mi casa", pues lo pueden hacer ellas mismas. Deben verificar cuidadosamente las paredes para ver si hay grietas; si es así, tomarles medidas, ponerles una pequeña marca, para que cuando se registre un nuevo sismo ya, estén enteradas de que dicha grieta era anterior al sismo : en cuestión. Si ésta no existía, ya se sabe que hay una grieta nueva y efiqué parte del edificio o de la casa está. De esta manera sé puede llevar un control de tal tipo de comportamiento. 'Si en la vivienda hay una zona en la; cual las cosas registran mayor vibración, quizá se trate : de un centro de ampliación debido a la misma estructura de la casa o del edificio; eso puede observarse, por ejemplo, cuando hay una lámpara que, vez trás vez, al menor movimiento, se cae; estoy hablando de un punto en el cual dicha vibración se da con mayor fuerza, entonces hay que tener cuidado con ese tipo de lugares. Por todo lo anterior, me parece que realmente quien está más capacitado para diseñar un verdadero plan de acción es uno mismo. No hay que esperar que en un folleto se nos explique todo; esas publicaciones son muy generales, y, finalmente, cada persona es quien debe ajustar su propio plan de acción.

¿Las pruebas nucleares francesas tuvieron que ver con los sismos recientes ?

Es una pregunta importante, porque tenemos entendido que las pruebas nucleares son explosiones muy grandes que liberan gran cantidad de energía, pero hay que referimos, en realidad, primero a la física: un sismo de magnitud 5 libera la misma energía que, por ejemplo, la bomba atómica de Hiroshima o Nagasaki, o es un poco menor que las pruebas que se llevan a cabo en Mururoa. ¿ Cuántos sismos de esa magnitud tenemos al año? , ¿ya la semana? Se registra, aproximadamente, uno a la semana, por lo que se libera gran cantidad de energía en forma de sismos y éstos -con una magnitud de cinco grados Richter- difícilmente se sienten. Entonces, si se considera el sismo ocurrido en Colima en 1995, cuya magnitud fue de 7.5, y se convierte su energía a un equivalente en bombas atómicas, se obtendría una cifra cercana a mil 500 bombas atómicas. Así, la pregunta que habría que plantear sería ¿qué mecanismo que se encuentra aproximadamente a cinco mil kilómetros de distancia puede generar, siendo uno solo, mil quinientas veces más que lo que yo ocasioné en este lugar? Para mí, el único lugar en donde puede ocurrir eso es en la Bolsa de Valores: compro la acción adecuada, ésta va a la alza y me toca mil quinientas veces lo que invertí, de otra forma es difícil plantearlo. Además, existe registro de actividad sísmica desde los inicios de este siglo, y las pruebas nucleares comenzaron en 1945, ¿y los sismos de antes, a quién se los achacamos? Por otra parte, Las Vegas se encuentra a sólo 50 kiló- metros de distancia de donde los americanos realizaban sus pruebas nucleares, el Nevada Test Site; ahí llevaron a cabo cientos de ellas. No hay que olvidar que tanto ellos como los rusos tenían el liderazgo en esta materia, ¿si hubieran pensado que estaban causando grandes daños, no hubieran detenido dichas pruebas desde hace muchísimos años? No continúan con ellas, porque ellos mismos se impusieron una moratoria. Los norteamericanos tienen la falla de San Andrés muy cerca y jamás se escuchó que se indujera un sismo en dicha falla que se encuentra a mucho menor distancia (que Mururoa de México), 200 ó 300 kilómetros del sitio de pruebas. En el único caso en que se registró vibración de edificios fue cuando los estadounidenses realizaron una de las mayores pruebas que se haya permitido llevar a cabo dentro de su territorio, la prueba Boxcar, en 1962; para producirla se detonó el equivalente a un millón doscientas mil toneladas de TNT (dinamita), inmensa cantidad de explosivos que puso a vibrar los edificios entre 10 y 12 segundos. A cualquier persona de la zona centro de nuestro país a la que le preguntamos que durante cuánto tiempo sintió el sismo de Colima, respondió: "pues, 30, 40 ó 50 segundos", mucho, pero mucho más tiempo que el que había hecho vibrar los edificios la superbomba detonada en Nevada; por tanto, con fundamento en ello, la energía que liberan las bombas, aun cuando es muy grande, es poca si se compara con la que liberan nuestros sismos. Es importante reconocer esto, porque, con toda honestidad, pareceríamos tontos ante los franceses si decimos que, por las pruebas nucleares que realizan, son ellos quienes están ocasionando los sismos, cuando resulta evidente que vivimos en un país altamente sísmico y que los movimientos telúricos obedecen a otras causas.

De manera independiente, me parece muy importante hacerles saber que no estamos de acuerdo en que se realicen este tipo de pruebas, debido a la radioactividad que generan; eso sí puede provocar problemas de fuga de radiación, y se contaminaría el mar o la atmósfera. Además, el sitio en donde las realizan, el Océano Pacífico, tiene una costa con México; bastante listos los franceses, a su territorio lo bañan las aguas del Océano Atlántico que está de por medio de donde llevan a cabo las pruebas, ¿por qué no detonan sus cargas en Francia o en el Mediterráneo? La contaminación radioactiva sí es un punto crítico, y debemos llamarles la atención respecto a ello, pues contaminan la atmósfera, y los vientos pueden traer consigo la radiación, o contaminan el agua del mar y, en algún momento, las couientes marítimas llegarán o podrán llegar a nuestras costas, pero, de ahí a decir que ellos son los culpables de los sismos... Semejante aseveración lo único que puede ocasionar es que los franceses nos demanden y nos tilden de tontos; afirmarían: "ustedes no saben absolutamente nada de lo que ocurre en su país". Lo que también es importante, hay que mencionarlo, y es el único punto a favor que reconozco a los franceses, es que tuvieron la delicadeza de informar que iban a realizar las pruebas; hay otro país, China, que no anuncia las pruebas que hace, continúa llevándolas a cabo sin manifestarlo. Entonces, si nos estamos yendo contra Francia con tanto fervor, pues deberíamos hacerlo también contra China, y con mayor firmeza, puesto que este país ni siquiera avisa.

Cómo opera el Servicio Sismológico a su cargo?

El Servicio tiene como finalidad mantener una red de cobertura nacional con objeto de detectar, clasificar, registrar y dar la localización y la magnitud de los sismos que ocunen en el país, y también de conservar dicha información, porque, a partir de ella, se elaboran infinidad de estudios más detallados. Algo que nos causa una serie de problemas es que la gente cree que los cálculos que sea llevan acabo para determinar la localización y la magnitud del temblor son automáticos, o que con sólo apretar un botón se obtienen los datos. Esto no es así. Son cálculos complicados, que requieren de un manejo especializado de la información. Los medios de comunicación no nos ayudan cuando dicen ". ..es que primero se reportó en los Estados Unidos...". La Unión Americana mantiene la red mundial, de la cual nosotros también formamos parte con algunas de las estaciones; así, ellos determinan una localización, de manera muy preliminar y automática, al igual que la magnitud, porque en todas las estaciones mundiales tienen más posibilidades de hacerlo, Hay coincidencia en los datos sólo hasta que reciben la información de nuestras estaciones, en ese momento, integran la información y emiten un boletín final. El serio problema que se presenta es que hoy día mucha gente tiene acceso a la información sobre la localización preliminar y afirma: "Colorado reporta que el sismo fue de tal magnitud", pero en Colorado, con una red tan general, no pueden tener la misma certeza acerca de los datos que la que poseemos nosotros con una red particular y adecuada a nuestro país, además de que aquí se manejan equipos complejos, en muchos casos aún más avanzados que con los que cuentan allá.

La gente puede sentir el sismo y nos pregunta: "¿cómo es que desconocen la localización?" Hay un proceso en el que nosotros afinamos nuestras mediciones para dar el epicentro definitivo: cuando se obtiene la magnitud y la localización ya no se modifica, porque es la final. ¿Por qué es importante ser tan precisos?, porque nos interesa saber qué tan cerca están las poblaciones, por lo que ésta tiene que ser lo más exacta posible, al igual que que la magnitud, ya que ello permitirá determinar si hubo o no daños. Sucedió en el caso de Colima el año pasado; cuando se obtuvo la localización, dijimos, "abusados!", epicentro está muy cercano a Manzanillo, la magnitud fue muy elevada, lo más probable es que se hayan registrado daños. Al principio, leímos y escuchamos "no reportan daños"; insistimos en que se comunicaran a Manzanillo, y veíamos que no se lograba la comunicación, mal negocio. En cambio, el movimiento que se registró en Chiapas, en ese mismo año, tuvo otro proceso; una vez que se tenía la localización, se afirmó: "fue un sismo fuerte, pero profundo", y eso evitó que generara muchos perjuicios, aun cuando hubo una cantidad de casas que se vinieron abajo. A una profundidad de 120 kilómetros, las ondas sísmicas se atenúan; además, otro factor todavía más importante, en el que la gente ya no pensó, es que un sismo a esa profundidad no tiene réplicas, como no sucedió en el caso de Colima, en donde la gente se asustó mucho después del jueves y de las otras réplicas: estaba trabajando, removiendo los escombros para buscar sobrevivientes y, de repente, ocurre un nuevo movimiento y se vienen abajo las casas que habían quedado resentidas. En el caso de Chiapas podíamos haber garantizado que no iba a haber réplica alguna -y yo le apuesto mi cargo-, ¿por qué? , porque a esa profundidad, debido a la presión litostática, presión de las rocas, de inmediato se vuelve a sellar el rompimiento -de haber existido un fracturamiento- y la fractura queda de nuevo casi soldada. En cambio, cuando el movimiento que se registra es muy superficial, existe la posibilidad de reacomodo, es decir, es como una gran cicatriz que de repente duele y pica, lo que significa que se está reajustando el tejido. Las réplicas son un proceso de reacomodo y de reajuste; en cambio, cuando el sismo es profundo resulta como una herida penetrante.

¿ Cómo hacen ustedes para saber que una réplica es tal y no un nuevo sismo?

Primero, por la magnitud; se requiere que el sismo de que se trate tenga una magnitud considerable, arriba de 7, y después vendría la réplica. La definición de una réplica es que tiene que ser un sismo muy cercano a la zona epicentral grande, tanto en localización geográfica como en tiempo; se trata, pues, del proceso de reacomodo que mencioné hace un momento. Sólo estos sismos costeros, que se producen en la zona de subducción, isómeros, son los que pueden generar réplicas; en contrapartida, un sismo profundo difícilmente las genera. Por ejemplo, al final del mes de noviembre, todavía registrabamos de vez en cuando réplicas relacionadas con el temblor del 14 de septiembre pasado que ocurrió en las costas de Guerrero; en la referente al de Colima, también las hubo, aunque fueron muy pequeñas y disminuyó su frecuencia.

¿ Cuántas personas están colaborando en este Servicio?

A cargo del Servicio, que es el puesto que desempeño como investigador, está un académico; hay tres lecturistas de guardia, que se van rotando de semana en semana, quienes se encargan de procesar la sismicidad que se registra y de hacer los reportes y los cargos; yo superviso todas las labores. Se cuenta con personal secretarial de apoyo, así como con un grupo de instrumentación, en el que participan seis ingenieros, quienes tienen a su cargo el mantenimiento constante de las estaciones y la adecuación del equipo; ellos también se ocupan de diseñar nuevo equipo, ya que en el servicio no sólo utilizamos tecnología comprada, sino que, asimismo, desarrollamos la propia, hacemos lo que los japoneses: desbaratarnos los sensores y los volvemos a elaborar, porque creemos que es importante, además de que tenemos la capacidad para hacerlo. En las estaciones autónomas, las originales, contamos con personal: en Veracruz hay una persona que se hace cargo de la estación; en Oaxaca, también; de igual manera, en la Estación de Tacubaya. Algunas personas suponen que esa es la estación principal porque está ubicada en la ciudad de México, pero no necesariamente la que tenga más registros sísmicos es la más importante; ahí en alguna época estuvo alojado el Servicio Sismológico Nacional; ahora, la Central, en realidad, es ésta. En Manzanillo, donde les fue como en feria, son dos señoras las que se hacen cargo, y lo que resulta interesante es que el personal de esta estación es uno de los más antiguos. Hay personas que han estado al frente de una estación por cerca de 48 años, trabajando para la UNAM, y para ellas esta labor es ya una tradición familiar. Tenemos el caso de la estación de Yucatán; el abuelo del actual encargado se hizo cargo de ella, después, siguió su padre, luego, llegó él, y ahora es su hijo quien realiza el trabajo, por lo que, a lo largo de tantos años, ya la consideran como patrimonio familiar, saben arreglar los instrumentos, la cuidan.

Ahora bien, es difícil establecer una cifra exacta del personal que labora con nosotros, porque trabajamos con diferentes redes; por ejemplo, tenemos la red telemétrica convencional, conformada por cerca de 28 estaciones que trabajan mediante este tipo de transmisión, a través de microondas o de enlaces satelitales, y acabamos de instalar, en septiembre, una red denominada de banda ancha con equipos sumamente avanzados de tecnología de punta, varios de ellos con transmisión satelital, y estamos en el proceso de integrar ambas redes. Pero también tenemos una serie de subredes, como la Red del Valle de México, otra que monitorea parte del estado de Gnerrero, y varias más en diferentes lugares. Contamos, asimismo, con una serie de estaciones que fueron las primeras que se instalaron cuando se fundó el Servicio Sismológico Nacional, en 1910, para celebrar el aniversario de las fiestas del centenario de la Independencia: el observatorio principal, que era el de Tacubaya, la estación de Oaxaca, la de Veracruz, la de Manzanillo, la de Mazatlán, la de Yucatán y la de Guadalajara. En esa época se introdujo tecnología que, para aquellos años, era de punta; conservamos un aparato, allá abajo, que aún funcionaba en Mazatlán, y somos el único país que mantiene todavía este tipo de máquinas, porque sus registros siguen siendo muy importantes, es decir, el equipo es el mismo, las características del terremo no han cambiado, y podemos comparar el tipo de sismos que se registraban antes y ahora. Tenemos enormes acervos de información, y sabemos que desde aquel entonces se podían proporcionar localizaciones. En la estación de Zacatecas, por ejemplo, sucedió una historia muy interesante; hay que recordar que las primeras estaciones estaban conformadas por casetas, como la de Tacubaya -que eran unas habitaciones impresionantes, amplísimas, un cuarto dentro de otro cuarto, para mantener las condiciones de temperatura y evitar la variación de viento-, y el equipo que en ellas había, contenía gran cantidad de metal. Cuenta la gente de allá, que en épocas de la Revolución llegó Pancho Villa a la estación y al percatarse de la cantidad de equipo que había, exclamó "no, pues aquí hay mucho metal, agarren estas máquinas y hagan balas de cañón", por lo que la estación de Zacatecas fue empleada para otro fin, y hasta ahora estamos instalando ahí una nueva, con tecnología de punta.

Un lugar comun es decir que ahí viene el sismo grandote". ¿Es cierto eso?

La razón y el fundamento de quienes afirman eso es: "bueno, es que en la costa de Guerrero tiembla con demasiada frecuencia", en lo que se conoce como la Brecha de Guerrero. Cabría preguntarse más bien por qué dicen que ocurrirá un sismo grande, igual que el de 1985 o mayor, en el tramo que va más o menos de Acapulco a Zihuatanejo, segmento de aproximadamente 200 kilómetros, Entre 1899 y 1911, ocurrieron cuatro sismos mayores de magnitud siete: uno de 7.5, otro de 7 ,6, uno más de 7,7 y uno de 7,8; sise produjeron cuatro temblores en esa zona, y el último fue en 1911, ¿cuál es la razón para pensar que un proceso que se generó en cuatro fracturamientos se unifique ahora y se vuelva uno sólo? No existe ninguna. En realidad, deberíamos estar preparados para cualquier sismo, ya sea uno de 7.5, de 7.8 o de 8.1, como en el caso del ocurrido en 1985, porque ¿acaso sólo hay que prepararse para el más grande? ,¿los de menor intensidad, qué no cuentan ? Lo adecuado es estar preparados, ¿por qué?, pues, debido a que en nuestro país siempre se registrarán temblores, y aceptarlo es un avance.

Las consejas populares de que si el cielo está "aborregado " va a temblat; de que si hizo mucho calor temblará, ¿ tienen alguna base científica ?

No, hemos elaborado gran cantidad de estadísticas en función de eso. Hemos conjuntado los sismos por hora y nos percatamos de que en realidad el factor tiempo nada tiene que ver; hemos repetido esta misma operación por meses para ver si en determinado mes se registra un sismo, y se llegó a la conclusión de que tiembla cuando se le pega la gana a la Tierra, cuando en cierta zona ya se acumuló suficiente energía. La gente recuerda que el cielo estaba aborregado el día que tembló, pero, si cotidianamente se anotan los cambios que se registran se verá que todos los días habrá una característica diferente. Desde la época de los aztecas existían registros de grandes sismos en sus códices, y se sabe que en la ciudad de México han ocurrido ocho sismos en los últimos 600 años, a los cuales nosotros denominamos con efectos máximos, es decir similares al de 1985. Con esta información, debe quedar claro que en nuestra ciudad ese tipo de fenomenos ocurren, de vez en cuando, una vez en la vida de cada persona. Lo más lógico y adecuado es prepararse.

El comportamiento animal ante los sismos ¿ tiene base cientifica ?

El comportamiento animal sí tiene base científica y está en función de que, en primera instancia, la capacidad auditiva de la gran mayoría de los animales es mucho más aguda que la del ser humano; el rango de restricción auditiva en los humanos es cercano a los 15 y 20 mil Hertz; la capacidad auditiva de los perros se incrementa hasta 80 mil, y la de otro tipo de animales es incluso mayor. ¿ Qué sucede si tomo por ejemplo un lápiz, empiezo a doblarlo y lo pongo cerca de mi oído ? , escucharé cómo comienza a fracturarse poco a poco; lo mismo pasa cuando se somete la roca a un gran esfuerzo, debido a que la epergía que en algún momento generará un sismo se está acumulando, por tanto se producirán fraccionamientos a nivel intergranular, es decir, del tamaño de un grano, de esos granitos que vemos en la arena. Nosotros no escucharemos esas fracturaciones, pero los animales tienen mayor posibilidad de oírlas, primero, porque están más cerca del suelo y, además, debido a que son sonidos de muy alta frecuencia que los molesta; de ahí que se pueda observar algunas veces un comportamiento extraño en el animal. Si aún viviéramos en cavernas y durmiéramos con el oído pegado al suelo, escucharíamos que la tierra produce gran cantidad de sonidos que en la actualidad no percibimos, pues cubrimos el suelo con concreto o con asfalto; simplemente hemos puesto sobre ella un colchón a fin de no escuchar los ruidos que genera. Ahora, el que los animales se percaten de sonidos extraños en las entrañas de la tierra tampoco es una regla; no sucede con todos los sismos. Hay algunos que, debido a que la distribución de esfuerzos se encuentra en la superficie, sí provocan cierto comportamiento extraño en el animal, puesto que los percibe, pero tenemos otros que son más profundos y en los cuales aun cuando se registra un cambio de esfuerzos de gran magnitud, éste no alcanza a llegar a la superficie, pues el propio espesor de la roca evita la transmisión de tal tipo de ondas. Todo ello no puede tomarse al pie de la letra, porque ¿qué tal si un día al perro le duele el estómago y anda todo inquieto, y uno presupone inmediatamente que va a temblar? Por supuesto, estas son algunas herramientas, pero ante todo existe una explicación física para su acción. De hecho, nosotros podemos sentir determinados sismos -aquellos que tienen un tipo de frecuencia particular de liberación de energía- en el vientre; se reflejan exactamente en nuestro estómago y en nuestros intestinos: la gente siente de inmediato un mareo tremendo, y esto no es nada excepcional, es el tipo de vibración, es la respuesta a la frecuencia. Lo mismo sucede, por ejemplo, en los conciertos, en donde se siente que todo vibra porque nos están haciendo vibrar los huesos y la cabeza, debido a una onda en particular. Hay una explicación física para todo ello, no es magia.


La presente entrevista se realizó los primeros días del mes de noviembre de 1995, por lo que cuando en ella se hace referencia a las posteriores réplicas de los temblores acaecidos en los meses de septiembre y octubre pasados, hay que situarlas en el tiempo.

Información Científica y Tecnológica, Enero, 1996 Vol 18 Num. 232 CONACYT