En el primer apartado de este artículo se consideró la estructura de la Tierra. ¿Cómo fue posible conocerla si las perforaciones más profundas no alcanzan sino unos pocos kilómetros? La respuesta está nuevamente en la sismología.
De igual manera que un médico puede saber si existe fractura en los huesos de un accidentado, por medio de rayos X, el sismólogo ha deducido la estructura terrestre por medio de las ondas sísmicas que viajan a través de ella como los rayos X a través del cuerpo humano.
Supongamos que ocurre un sismo en un punto dado, si la Tierra fuera completamente homogénea los rayos viajarían en líneas rectas del foco al observador. Los sismogramas observados para esta Tierra homogénea serían relativamente simples. Sin embargo los científicos has descubierto que los rayos no viajan en línea recta sino que van curvándose hacia la superficie, debido a que las características de las rocas que componen la tierra cambian con la profundidad de tal manera que la velocidad de las ondas aumenta con esta (figuras 15). Además de lo anterior, se encuentra que éstas sufren refracciones y reflexiones que sólo pueden explicarse si la Tierra está compuesta por las diferentes regiones de que se habló en el primer apartado (figura 20).

Los temblores, paradójicamente, poseen un aspecto positivo y éste es el de proporcionarnos información sobre el interior de nuestro planeta. Actualmente, gracias a la técnica conocida como tomografía sismológica o sísmica, se conoce con gran detalle el interior de nuestro planeta.
Esto es un gran logro, no solo del avance teórico e instrumental , sino de la cooperación internacional ya que esto solo es posible a través de la instalación de redes mundiales de sismógrafos y la colaboración internacional entre los sismólogos. Gracias a esto, en los últimos 80 años ha sido posible realizar llevar un registro continuo de los sismos mayores, de manera que ha sido posible hacer estudios cuantitativos de la sismicidad de la Tierra. Así, se ha obtenido un esquema global de la sismicidad mundial. El mapa de la figura 20 muestra la distribución geográfica de los sismos; se puede observar que la mayor parte de la energía sísmica se libera en las costas del Océano Pacífico, región conocida como el cinturón de fuego, debido a que en esta zona ocurre también gran actividad volcánica. Hay otras regiones también activas, como el Atlántico medio y el cinturón Eurásiatico. Nótese que las franjas de sismicidad coinciden con los límites de placas. Existen también regiones donde la actividad sísmica es casi nula o desconocida lo que pone de manifiesto que el peligro representado por los temblores es muy grande en ciertas regiones y casi nulo o insignificante en otras.
Observando la actividad sísmica mundial se puede estimar el número de temblores de cierta magnitud que ocurren en un año; se ha observado que ocurren dos grandes terremotos en promedio anualmente (Tabla II). Por otra parte ocurren constantemente varios cientos de miles de temblores de magnitud inferior a 3, que pasan desapercibidos o son percibidos muy localmente.
| MAGNITUD | NUMERO PROMEDIO |
| 8 | 2 |
| 7 | 20 |
| 6 | 100 |
| 5 | 3000 |
| 4 | 15000 |
| 4 | 150000 |
SISMICIDAD EN MEXICO
En nuestro país el desarrollo instrumental empezó a principios del siglo; afortunadamente la historia de los grandes sismos del país no dejó de ser registrada en un gran número de documentos.
En 1910 se inauguró la red sismológica mexicana (ver Apéndice A). Desde esa fecha hasta nuestros días se ha mantenido una observación continua de los temblores cuyos registros se conservan en la Estación Sismológica de Tacubaya y otras instalaciones del Instituto de Geofísica de la UNAM, institución encargada de operar el Servicio Sismológico Nacional (SSN) y su red de estaciones sismológicas. Desde 1992 el SSN inició un proyecto de modernización que pretende establecer estaciones con una cobertura mas amplia y una localización mas estratégica. Las estaciones estarán dotadas de sismógrafos modernos de banda ancha con señales enviadas por telemetría a las instalaciones del SSN en el Instituto de Geofísica.
Con la red existente, ha sido posible conocer la sismicidad global del país, la figura 21 muestra los terremotos ocurridos en México durante el periodo señalado.

Nótese que las zonas de mayor sismicidad se concentran en la costa occidental del país a lo largo del borde de varias placas cuyo contacto tiene expresión en un bajo topográfico conocido como trinchera. Aunque la Ciudad de México no se encuentra sobre la costa, se encuentra lo suficientemente cercana para experimentar los efectos de los sismos; la causa de que estos sean mas dañinos en esta que en otros lugares radica entre otras cosas en la naturaleza de su terreno.
Una descripción de los efectos de los sismos mas importantes ocurridos en México aparece en el Apéndice A.
Frecuentemente algunos temblores grandes son precedidos por temblores de menor magnitud generados al inicio del fracturamiento alrededor de lo que será la región focal del gran temblor. A estos sismos se les conoce como temblores premonitorios,. No es fácil determinar cuándo una serie de temblores pequeños son premonitorios de un gran temblor, ya que no es posible diferenciarlos de la sismicidad normal de una región. En la generalidad de los casos, se sabe que un temblor es premonitorio sólo en el contexto de la actividad posterior.
Los sismólogos también han observado que, inmediatamente después de que ocurre un gran temblor, éste es seguido por temblores de menor magnitud llamados réplicas y que ocurren en las vecindades del foco del temblor principal. Como estos sismos ocurren en la zona de ruptura del temblor principal, su ocurrencia se debe probablemente al reajuste mecánico de la región afectada que no recupera su estado de equilibrio inmediatamente después del temblor principal. Inicialmente, la frecuencia de ocurrencia es grande pero decae gradualmente con el tiempo, dependiendo de la magnitud del temblor principal; también decaen en magnitud. Por ejemplo, para el temblor de Oaxaca del 29 de noviembre de 1978, de magnitud 6.8, inicialmente se observaron hasta 200 réplicas de magnitud mayor a 2.0 diariamente y esta actividad fue decayendo durante 5 meses aproximadamente. El estudio de las réplicas de un gran temblor se ha aprovechado para estimar las dimensiones de la zona de ruptura y otros estudios científicos pero desde el punto de vista social es necesario conocer su ocurrencia para adoptar una actitud previsora luego de la ocurrencia de un gran sismo.
¿Se pueden predecir los temblores? La respuesta a esta pregunta depende de lo que se entienda por predicción. Año tras año podemos leer en los periódicos las declaraciones hechas por adivinadores, médiums y astrólogos, sobre la futura ocurrencia de temblores en algún lugar del planeta. Estas declaraciones distan mucho de ser predicciones. Se ha visto (tabla II) que, en promedio, ocurren cerca de 120 temblores de magnitud mayor a 6 anualmente. Se conocen también las zonas sísmicas del planeta, de manera que el afirmar que durante el año de 1984 ocurrirá un temblor en la costa occidental de México no contiene información novedosa ni útil. Tampoco la contiene la declaración de que en un año dado ocurrirá un gran temblor en el planeta.
Sin embargo, la predicción como resultado de la comprensión de un proceso de la naturaleza es una de las metas de toda ciencia. La sismología no es ajena a estas aspiraciones y en la actualidad se realizan intensos esfuerzos por desarrollar una metodología confiable que pueda emplearse con éxito en el futuro.
Existen esencialmente dos maneras de atacar el problema. En una de ellas se estudia la variación de ciertos parámetros físicos debido a la acumulación de los esfuerzos cuya relajación ocasiona el temblor. Así, por ejemplo, se ha observado que la región focal sufre una dilatación que altera la velocidad de las ondas que se propagan en ella. Otros de los parámetros que se alteran son, por ejemplo, la resistencia del terreno al paso de la corriente eléctrica y la posición del nivel de las aguas subterráneas. También se `producen cambios en el valor de la gravedad del terreno así como cambios topográficos. Todos estos factores pueden ser medidos y correlacionados con la ocurrencia final de un temblor.
A la vez, se estudian también los aspectos empíricos de la ocurrencia de temblores en las zonas sísmicas. Se ha observado, por ejemplo, que los epicentros a lo largo de una zona de subducción no se distribuyen al azar sino siguiendo un patrón geográfico y temporal. Puede entonces estudiarse la historia sísmica de una región, estimar los períodos de recurrencia de temblores de cierta magnitud y evaluar, de esta manera, la posibilidad de ocurrencia de un nuevo sismo.
Este breve bosquejo trata solamente de poner de manifiesto que los sismólogos actuales se encuentran trabajando sobre bases científicas, para lograr en un futuro la predicción de temblores; pero es conveniente saber que no ha podido lograrse aun una metodología confiable para precisar el lugar, la fecha y la magnitud de un temblor. Es un hecho comprobable que a la ocurrencia de un gran temblor se sigue la aparición de un gran número de farsantes, seudocientificos y rumores y es necesario que el público pueda discernir entre el sin número de declaraciones que se hacen cuando ocurre una catástrofe. Es muy común que al sismólogo se le formulen preguntas a las que le es imposible contestar de manera simple. Preguntas tales como ¿volverá a temblar?, ¿ se había previsto la ocurrencia de este sismo?. no pueden ser contestadas de una manera simple y categórica como lo esperaría mucha gente. No es poco frecuente que la conducta reservada del científico sugiera a los espíritus poco preparados y supersticiosos la existencia de imaginarios complots para ocultar la verdad o que sus intentos de explicar los hechos se tomen como palabrería con el mismo fín. Sin embargo la conducta apropiada para una población cuyo discurso vital se desarrolla en una zona sísmica es adoptar una actitud previsora y considerar que un terremoto puede ocurrir en cualquier momento.
Existen varias medidas que pueden tomarse en caso de ocurrir un temblor. Naturalmente, en regiones sísmicamente activas existen medidas que deben tomarse antes de que ocurra uno. Estas consisten en buscar las condiciones mas adecuadas de seguridad de los sitios donde se permanece más tiempo: la casa, el trabajo, la escuela, y mantener a la mano un pequeño equipo con linterna, botiquín de primeros auxilios, un radio de baterías y llaves de mecánico, pinzas y desarmador.
La seguridad de toda construcción se garantiza construyéndolas de acuerdo con los códigos de construcción antisísmica de la región; si en los centros de trabajo se observa poca seguridad en las instalaciones, se debe solicitar que sean reforzadas. En la Ciudad de México, las escuelas y en general las obras civiles deben ser construidas, por ley, tomando en cuenta el código de construcción, pero si se observa alguna anomalía conviene reportarla a las autoridades competentes.
En nuestro hogar debemos asegurarnos de saber que sitio ofrece mayor seguridad con objeto de dirigirnos a él sin apresuramiento cuando ocurre un sismo. El lugar debe ser de fácil acceso y el camino hacia el mismo debe estar libre de obstáculos. Si la salida al exterior es considerada como lo mas conveniente es importante asegurarse de que no existen anuncios cercanos u otros objetos pendientes y de cual es la localización de los cables de electricidad.
Deben evitarse el colocar objetos pesados o peligrosos, como lámparas, botellas, adornos o libros, en repisas y lugares elevados, a no ser que estén bien sujetos.
Aquí es preciso insistir que estas medidas deben tomarse antes de la ocurrencia de un sismo y como medida de hacer nuestros lugares de residencia (casa, oficina, taller etc.) mas seguros.
Cuando ocurra un temblor, es conveniente tomar en cuenta lo siguiente:
1. Conservar la calma y tratar de serenar a las personas que nos rodean. Evitar dar gritos ya que éstos infunden pánico, y éste es el origen, en muchos casos, de más fatalidades que el temblor mismo.
2. Dirigirse rápidamente; pero sin apresuramiento al sitio designado previamente como mas seguro en el inmueble o fuera de él, de acuerdo con lo ya mencionado en párrafos anteriores. Si esto no es posible, es conveniente buscar los sitios que ofrezcan mayor seguridad dentro del inmueble (debajo del dintel de puertas, debajo de mesas robustas, lugares con techumbres livianas, etcétera).
3. Tener cuidado de no permanecer debajo de objetos colgantes u objetos mal colocados. Alejarse de las ventanas, ya que los vidrios se rompen con las sacudidas, tampoco permanecer cerca de objetos que se puedan desplazar o derribar (como armarios altos, vitrinas, muebles con ruedas, etcétera).
4. En las escuelas, los maestros deben conservar la serenidad y tratar de dar confianza a los alumnos, pedir a éstos que se alejen de las ventanas y, de ser posible, protegerse debajo de las mesas o pupitres de trabajo o los dinteles de las puertas. Si están en los patios de recreo, pedir que permanezcan lejos de los edificios. Estas explicaciones y un simulacro deberían constituir práctica ordinaria al inicio de las clases en todas las escuelas.
5. En otros centros de mucha concentración se aconseja no salir precipitadamente, ya que ésta es la actitud de la mayor parte de la gente y se ha visto que esto causa muchos accidentes personales. Lo mejor es buscar sitios seguros debajo de estructuras reforzadas.
6. Se debe tomar en cuenta que los temblores no duran mucho tiempo, pero a veces ocurren otros a continuación (las réplicas de párrafos anteriores). De manera que debe obrarse con cautela al final de cada uno.
Estas indicaciones no podrán nunca por si mismas sustituir las medidas de seguridad que representa un edificio bien construido y en el que se respetan las normas de seguridad. Muchas veces nos es imposible personalmente tener control sobre esto pero podemos sumarnos siempre a la opinión pública que exige se respeten los reglamentos respectivos de construcción y operación de lugares de reunión masiva denunciando cuando se hace caso nulo de los mismos.
Para finalizar es conveniente insistir en que los efectos de un terremoto son de una escala que involucra a toda la sociedad. Mientras no exista una cultura de previsión continuaran presentándose grandes catástrofes. Si bien muchas medidas deben ser tomadas por las autoridades, estas solo las tomarán en la medida en la que la población las exija. Por otro lado una actitud personal de previsión evitará también en gran medida la ocurrencia de desgracias. Esta actitud se traducirá en medidas continuas de previsión y no solo en las momentáneas adoptadas cuando ocurre un terremoto; por ejemplo, en aquellas tomadas para asegurar el mantenimiento de los sistemas eléctricos o de gas en nuestros hogares.
Después de ocurrir un temblor se debe revisar si hubo daños y accidentados y suministrar ayuda si es necesario. Es muy importante revisar si las diferentes instalaciones eléctricas, de gas y agua, no sufrieron daños. Si es de noche, no encender fuego para alumbrarse (utilizar una lámpara de baterías) hasta no estar seguro de que no existen fugas de gas. No use el teléfono si no es para transmitir un mensaje de mucha urgencia.
En las escuelas u oficias, antes de movilizar a los alumnos o empleados, conviene inspeccionar el estado de los lugares de acceso: puertas, escaleras, barandales, etcétera. Posteriormente, evacuar la escuela para una revisión detallada de sus instalaciones y, finalmente, sintonizar el aparato de radio para verificar la existencia de mensajes a la población de parte de las autoridades competentes.